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  • Foto del escritorBenigno Morilla

Transexualidad



¿En una persona, hombre o mujer, cabe la posibilidad de que se produzca inesperada y de modo espontáneo un cambio de sexo comprobable con el máximo rigor y la más absoluta objetividad? De producirse sin intervención externa, la respuesta sería afirmativa. Sin embargo, pese a que semejante suceso es relativamente habitual en algunos animales, la respuesta, en el ámbito humano es un rotundo no.


Nuestra intención, aquí, es dirimir esta cuestión que se ha tornado política y dependiente de opiniones, ya que hoy día es posible realizar un cambio de sexo con la colaboración de artificios clínicos y la politización de esta cuestión a tratar y, por supuesto, las manipulaciones mediáticas a favor o en contra de los procedimientos a seguir para lograr este hecho imposible hasta hace poco.


Afirmamos que, de momento, es imposible un cambio de sexo de manera espontánea, sin intervención médica y su arsenal hormonal y, finalmente, por supuesto, intervenciones quirúrgicas.


El tema, actualmente candente, es especialmente escurridizo al mezclarse en torno a él, opiniones quiméricas, intereses de las Grandes Compañías Farmacéuticas Multinacionales que pueden obviar, deliberadamente, como ya ha ocurrido, posibles riesgos del uso hormonal para producir cambios de género y, por descontado, la nueva medicina, robotizada y sometida a protocolos donde la maquinaria suplanta a gran velocidad y con paso firme la labor humanista de la ciencia.


Vayamos a la base del impulso que lleva a algunos a desear cambiar de sexo.


En primer lugar, recurramos a la psicología. Casi todo el mundo posee alguna zona de la personalidad que siente deficiente o inadaptable a su personalidad. Ante un estado continuo de inferioridad o descontento tendrá que reaccionar falseando su descontento tratando de enmascarar por todas las formas posibles su insatisfacción. Por lo general ante esta dicotomía los afectados por esta dualidad adoptan un mismo comportamiento. Consiste en el desarrollo de un aspecto impostado, contrario al sentimiento de menoscabo que arrastra. Para ello adoptan una faceta de su personalidad contraria al descontento que les produce su “deficiencia”. Si se siente frágil puede llegar a crear un personaje rebosante de seguridad. Ya sabemos, Garbancito jugando a James Bond. Este complejo de inferioridad convertido en complejo de superioridad es el pilar de la Psicología de Alfred Adler. El área que echa en falta los que padecen cualquier complejo severo sienten mutilada su personalidad supliendo con una prótesis mental creada en su imaginación capaz de compensar lo que vive como una carencia o, peor aún, como una injusta amputación con la que la naturaleza le ha “cargado”. Comprendiendo bien esta simple dinámica entenderemos por qué de la inmensa imaginería de los seres fantásticos que pululan en el mundo del arte.


Las religiones, a la hora de representar los Seres Primordiales descritos de un modo distinto al humano (aunque con partes carnales) ha generado una iconografía que termina pareciéndonos real. Por ejemplo, hay quienes ven en un mundo imaginado rasgos patriarcales. Por poner un ejemplo, Ángeles sin sexo, por más que a la hora de representarlos los artistas han pintado y esculpido preciosas “ángelas”.


En El Banquete de Platón, Aristófanes expone un viejo mito: “En los Inicios, los Ángeles eran hermafroditas. Seres esféricos de manera que la mitad era cómo un varón mientras que la otra era una mujer. Prosigue el mito con el intento de la toma del Olimpo. Zeus (Deus), ofendido con tal acto que en su voluntad de diferenciar los dioses de los mortales no dudó con su rayo escindir en dos todos los seres andróginos de modo que se convirtieron en varón y mujer. Esta es la razón por la que, ahora incompletos, buscan con ahínco su mitad escindida.


Encontramos en el himno de los Shiva Puranas hindú, ‘” Yo soy Uno, pero me convierto en muchos”. En efecto, lo diverso (aparentemente) facilita la distinción. Todos somo iguales en esencia, pero nuestras formas físicas y mentales difieren. Miríadas de seres emergen del núcleo original con formas desiguales (aquí entra, por parte de muchos científicos, la ahora denostada por muchos biólogos la teoría evolutiva de las especies cuyos cambios morfológicos serian debidos a las condiciones ambientales). En la sociedad humana abunda la diferencia y para muchos, el deseo de ser morfológicamente distinto resulta de vital importancia.


En otro contexto, me viene a la memoria una frase tremenda del genio literario de Lisboa, Fernando Pessoa. En su Libro del Desasosiego, pone negro sobre blanco una frase impresionante: “Envidio a todos por no ser yo”.


Esta frase, estoy seguro, que se repite en la mente de aquellos cuya relación con su anatomía les resulta insoportable. Es el caso de quien siendo varón piensa y siente y piensa como una mujer (o viceversa) y que, además, por este hecho, es objeto de burlas ajenas.


Cambiar de estructura morfológica es el primer paso para parecerse al que verdaderamente se es (o se cree ser). Los indígenas se disfrazan antes de luchar, con toda clase de ornamentos que puedan asustar a sus enemigos. Profieren gritos y sonidos guturales impropios de sus voces con el fin de infundir miedo a la tribu con la que han de enfrentarse.

Algunos juegos de rol forman parte de esta disconformidad con uno mismo. Su peligro es que, a sabiendas de que es un juego, por un tiempo se abstrae el jugador especulando con la idea, “ahora ya soy “otro” durante un tiempo.


Gracias a ciertos comics, los chicos se identifican con protagonistas que vuelan, escalan edificios como si fueran arañas… Son los llamados superhéroes. Poseer sus poderes sobrenaturales es un deseo producto de la fantasía, pero que el niño desearía tener a cualquier precio.


Los carnavales son otro juego de rol colectivo donde el enmascaramiento de la persona puede partir desde la vestimenta hasta la asunción plena del personaje representado. En festividades de ese tipo abundan los disfracen que generan la impresión real de cambio de sexo. Este transformismo parece dar permiso a las partes reprimidas de la personalidad para manifestarse públicamente… ¡Por fin!


Lo cierto es que la masculinidad y la feminidad completa no existe en ninguna persona ya que, aunque atrofiadas, el varón posee dos mamas, y la mujer posee un clítoris que es en realidad un falo de menor tamaño que el de los varones. Esta realidad que a grandes rasgos demuestra un carácter hermafrodita aminorado anatómicamente en los humanos. No así en ciertos casos del reino vegetal, y animal.


Se considera una flor hermafrodita por tener estambres, que se corresponden con los órganos masculinos, y pistilos que son acordes a los femeninos. Muchos animales son hermafroditas, mutan de sexo, portan en su interior los atributos de ambos sexos para reproducirse. Esta disposición ha llevado erróneamente a hacer pensar que todos los vivientes son semejantes en todos los órdenes a este segmento de la naturaleza.

Con la ayuda hormonal y otros compuestos químicos se realizan mutaciones de sexo en personas que lo anhelan secretamente casi siempre desde niños. Tenemos que añadir que estas prácticas son un compendio de intervenciones psicofísicas que pueden alterar con el tiempo la personalidad de quien las recibe por lo que se alejan de los conceptos médicos vigentes desde Hipócrates, basados en la observación de la Ley Natural como la que disponen ciertas especies puras de hermafroditas.


Descubrimos en los cuentos infantiles mutaciones humanas de lo más variadas. Sobre licantropía (mitad humano, mitad lobo) existen miles de cuentos, Es sólo un ejemplo para insistir en el gusto por ser alguien más allá del rango que ocupamos en el concierto natural.

Esta forma de pensar sobre el hermafroditismo radical en el trasfondo humano susceptible de aflorar gracias a la ciencia es completamente ajena al Orden Natural. Otra cosa es la aceptación y el absoluto respeto que merece quien sufre tal padecimiento. La cirugía puede aportar elementos paliativos o enmascaradores, pero ciertos científicos insistirán en la necesidad de cambiar de sexo mediante procedimientos otrora ortopédicos.


Los políticos también los apoyan pues son de gran ayuda para las planificaciones demográficas que proponen soluciones como una mayor despoblación. Esta ya es una realidad que puede ser verificada por las estadísticas, así como en los libros cuyo tema central es la insistencia, como solución, en una drástica despoblación. El cambio de sexo, el aborto (ahora que abundan los métodos conceptivos), la desinformación por Ley de los padres respecto a la vida sexual de sus hijos son torpes remedios que es lo que más cala entre los adolescentes.


De momento, que sepamos, no hay vuelta atrás en este tipo de soluciones químicas o de quirófano que nada tienen que ver con varitas mágicas o recursos exprés.


En este punto, conviene recordar que, en el fondo, no hay cambio de género. Digamos la verdad: La posibilidad para engendrar requiere de un varón y una mujer. El engendramiento. de terceros es el fruto de un varón y una mujer. Esta realidad innegable anula la pregunta de moda ¿qué es una mujer? También responde a qué es un hombre. Algunos débiles mentales se quedan mudos antes ellas. No por razones religiosas pues cierto es que quienes admiten que somos un alma que dispone de un cuerpo y no lo contrario, afirman que más allá de las diferencias sexuales tenemos un alma que carece de sexuación.


La creencia de haber llegado a la probabilidad de cambiar de sexo como de camiseta, sin consecuencias posteriores; la idea que se está imponiendo una metamorfosis en la especie gracias a la ciencia o una supuesta mutación que nadie ha podido comprobar permitirá engendrar a dos seres del mismo sexo a un tercero. Esta idea sin base se va imponiendo en un segmento de la población que vive obnubilada creyendo que todo lo que desea será posible. Pero, si así fuera, el mundo no sería un paraíso como quieren hacernos creer, sino un mundo habitado por híbridos como los seres monstruosos que imaginó el Bosco.


De momento, dejando de lado las componendas, arreglos, apaños o, como se quieran llamar y fuera de la ciencia ficción, sin la colaboración de dos seres humanos que aporten, cada parte, óvulos y espermatozoides, la gestación es inviable en las condiciones actuales.

Este último comentario no va en contra del cambio de sexo, espero que se haya comprendido, sino que va a favor de la verdad que empañan con engaños y verdades a medias determinados medios de desinformando cuando abordan este tema.


Benigno Morilla

Escritor

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